La represion del "periodista"

La represión del “periodista”
(Pancho - 22/03/09)

La situación actual de los medios de difusión pone patas para arriba al sistema político argentino y al desarrollo de la decisión (y por tanto, de la libertad) de los argentinos. Los medios de difusión en nuestro país son monopólicos, por lo que la información nos viene a ya masticada. Es decir, la información es difundida con la opinión incorporada como si fueran la misma cosa. Y al no disponer nosotros de medios alternativos para informarnos, quedamos en situación de rehenes de lo que opinen los grandes capitales de la “comunicación” (“difusión” en realidad).

Tan es así, que los periodistas de esos medios de difusión comprenden que el consenso generalizado que el poder privado impone fronteras adentro de su organización (que describe “la postura correcta”, es decir, la línea política), es LA VERDAD de la cual nadie tiene derecho a apartarse sin ser considerado irrespetuoso o inmoral.

La monopolización de los medios de difusión resulta en la monopolización de la opinión. Y resulta que el arquitecto de esa opinión tiene intereses privados propios que cuidar. Y lo hace.

Fronteras adentro de la organización privada de los medios de difusión están alineados desde el cronista hasta los periodistas de nombre conocido. Y lo que no, afuera. No subsisten en el medio.

Recuerdo el año pasado, en pleno conflicto con la patronal del campo, cuando De Angelis fue detenido (para declarar por delitos que se le imputaban y por orden de un fiscal en cumplimiento de la democracia), los cronistas presentes en el lugar relataban los hechos con el tono de quien está presenciando una masacre. La palabra “represión” vende bien… y los cronistas la saben. Durante algunas horas la noticia en todos los medios de difusión era “represión en la ruta”. Resultó después que el propio De Angelis reconoció que “lo trataron muy bien, sin golpes ni falta de respeto” y todo quedó como la represión que casi fue (pero siempre “la represión”).

En ésta última semana he tenido el desagrado de ver dos casos mas de éstos, pero ésta vez no fueron cronistas (los que dada su baja jerarquía en la organización, son mucho más proclives a la obediencia debida), sino que lo hicieron periodistas de nombre conocido, lo que no es una novedad, pero dado que ellos tienen cierta libertad para acomodar la línea política del medio del que dependen a una imagen de independencia (lo deseable para el reconocimiento en el periodismo… aunque nunca sea cierto), no hay otra forma de comprender su actitud que la incorporación absoluta de los preceptos impuestos por los dueños de los medios, lo que constituye una prueba mas de lo enajenantes que éstos resultan, al punto que los "periodistas" ya ni siquiera tienen la vocación de una "imagen de independencia".

Hace una semana, mas o menos, estaban sentados en la mesa del programa “Argentina para armar” Margarita Stolbiser, Luis Juez, Adrián Pérez y Fernando Braga Méndez entre otros.

En la charla, Braga Menéndez propone su visión acerca de la situación actual del país en el contexto de la crisis internacional. El resto de los participantes se niegan a la discusión, corriendo el eje de la conversación hacia el lugar de “mienten”. No tenían argumento alguno que siquiera tocara la problemática real. No era que tuvieran una visión distinta de la de Fraga Menéndez, sino que prefirieron no tocar el tema y desviarse todos juntos, en complicidad, al argumento “el gobierno hace trampa”, "el gobierno se hizo malo" (por eso antes estaban -Luis Juez- y ahora no).

Por supuesto, Braga Menéndez insistió en colocar en la mesa el tema para el cual habían sido convocados todos. La resistencia a discutir el asunto trepó en decibeles emocionales. Si decían que el gobierno “es malo” y “hace trampa”, ahora lo decían con mas vehemencia. Ante la frustración del tema, el hombre en cuestión advirtió al conjunto que “estos temas son importantes. La oposición debe asumir su rol de tal. No puede tomarlos a la ligera como si estuviéramos en la mesa de un bar o de un canal de televisión”. El mensaje era claramente dirigido a los políticos opositores, los cuales se estaban auto descalificando como actores de la vida pública, para asumir el rol de criaturas gritonas que “ganan” porque en el lugar son más (aunque en las urnas sean menos).

Inmediatamente la “periodista” María Laura Santillán lo reprimió verbalmente: “No le falte el respeto al resto de los participantes ni a este programa”. Braga no aceptó estar faltando el respeto, de hecho, no lo hacía. Estaba dando una opinión que, como yo, comparten muchísimos compatriotas. Lógicamente, el resto de los participantes se envalentonaron y siguieron haciendo su gracia, que resultaban verdaderas faltas de respeto, no sólo a los que no pensamos como ellos y tenemos que soportar descalificaciones morales de su parte, sino también a la inteligencia de cualquiera que se interese por los asuntos de la vida política.

Ayer tuve otra vez el desagrado de toparme con una situación similar. Estaba en el Programa de Gerardo Rosín (por “América”) el interventor del CONFER, Gabriel Mariotto, quién había sido invitado a comentar acerca del anteproyecto de ley de radiodifusión que impulsa el gobierno. La entrevista empezó con una pregunta de uno de los periodistas del programa (Montenegro) acerca de la oportunidad de la presentación del proyecto: "¿Por qué justo ahora? ¿Es ahora porque el gobierno se pelea con Clarín?". Mariotto puso en perspectiva la cosa, explicando que el proyecto era una deuda histórica de la democracia que venía a regular aspectos de trascendental importancia en la vida política del país como son los medios de difusión y la necesidad de democratizar el flujo de la información. Sin dudas que algo tiene que ver con el conflicto del gobierno con grupo clarín. Clarín sólo se lleva bien con los gobiernos que les pagan. Cuando no, se lleva mal, y saben manejar la información para trasladar ese descontento a la comunidad toda. Ese es un problema: si no se paga, es un problema que nos informan desde el cristal de los intereses de grupos privados, sin considerar los puntos de vista del gobierno, que necesita una comunicación con el pueblo para hacer su tarea. Si se paga, es una cagada que tengamos que poner plata que sale de nuestros impuestos para que un grupo privado nos informe de lo que hace el gobierno. La nueva ley de radiodifusión propende a que ésto deje de suceder. Por ese solo hecho ya podemos empezar considerándola buena.

Mas allá de la oportunidad, si la ley es buena y justa para los argentinos, ¿qué vamos a decir? ¿No la saquemos, no hagamos algo bueno porque el gobierno saca provecho? Si un gobierno hace algo bueno es genial que se le reconozca. Y no creo que sea bueno que no salga una ley (consensuada con diversísimos sectores sociales) y se siga permitiendo la agudización de la monopolización y verticalización de la difusión de la información, quedando nosotros como rehenes de los negocios que haga o deje de hacer un grupo económico. La información es la base de la desición. Desmonopolizar es propender a la ampliación de la base de la desición de los argentinos. Elegir, decidir, es gran parte de nuestra libertad. (otra gran parte es la responsabilidad ciudadana, de la que no suele hablarse mucho)

Los tres periodistas insistían: no lo dejaban salir del aspecto de la oportunidad de presentación. Apenas si podía el funcionario esbozar algunas líneas fundamentales del proyecto. Ininterrumpidamente lo interrumpieron para volver sobre el aspecto de la oportunidad. Mariotto fué al programa a explicar el proyecto de ley y no se lo permitían. Con un notorio esfuerzo para no hartarse del trato que le estaban propinando, intentó expresar, una vez mas, el contenido en sí de la ley y los hechos que ella venía a cambiar. Entre ellos, destacó que los periodistas se veían envueltos en situaciones que los llevaban a repetir el libreto impuesto por los dueños de los medios monopólicos de difusión, a lo que Rosín (parte de esos medios), en una interrupción implacable y con tono de “defensor de la alta moral”, le advierte que “no sea irrespetuoso”, que “todos los periodistas son honestos y nadie repite un libreto”. Una prueba mas de que la ley es necesaria.

Al fin y al cabo, no pude enterarme mucho de la nueva ley. Me pregunté: ¿La información no es un derecho de los pueblos para su autodeterminación (para elegir su propio destino)?

No es admisible, si queremos que la democracia sea el medio a través del cual los argentinos solucionemos nuestros problemas, que los funcionarios (o los intérpretes de la voz del gobierno) sean reprimidos cuando dan su opinión, cuando intentan comunicarle algo a la población. No puede ser, si queremos un sistema político democrático, que la voz de quienes fueron elegidos por el pueblo para conducir los destinos del país sean sutilmente censurados y reprimidos desde una moral sólo existente fronteras adentro de la organización privada de los medios de difusión. No es posible que se diga que se ataca la libertad de prensa cada vez que alguien critica a un periodista o un grupo económico del ramo.

Si la nueva ley de radiodifusión logra sus objetivos, éstos “periodistas” quedarán, por su comportamiento arbitrario, auto colocados en el lugar de “los periodistas de la oposición”, ya que los funcionarios e intérpretes de la voz del gobierno tendrían medios alternativos para ser escuchados. De esa manera, se “blanquería” la terrible situación real de los medios de difusión, que aparece disfrazada, desde sus mismas pantallas y micrófonos, como “libertad de expresión”, y no son mas que la expresión de grupos económicos con interess opuestos a los de la sociedad argentina considerada en su conjunto. "libertad de expresión" y "monopolio" son cosas opuestas.

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