Basta

BASTA (12 de Diciembre de 2008)
Nuevamente, en un accionar casi sistemático, el actual gobierno municipal encabezado por Miguel Lifschitz, volvió a meterle la mano en el bolsillo a los rosarinos para poder cerrar las cuentas de la incapaz, ineficiente y corrupta gestión municipal socialista.

En el día de ayer, con la imposición de la mayoría absoluta (y "automática"), el Concejo votó el aumento de la Tasa General de Inmueble (TGI) y de otros tributos municipales, como el impuesto a los sellos que cada vecino debe abonar al realizar cualquier trámite (por ejemplo, el del carnet de conductor).

La sociedad rosarina toda está pagando sus propias culpas (hay que decirlo) de otorgarle un cheque en blanco al socialismo, a través de la mayoría y el quórum propio que el oficialismo tiene en el Concejo, y que el socialismo ha usado para aumentar sistemáticamente los impuestos y el valor de los servicios a todos los rosarinos; cuando otros municipios, la gran mayoría de las provincias y la Nación no aumentaron los impuestos de manera general y sin proporcionalidad -como el socialismo- para no afectar a los que menos tienen (cargando progresivamente sobre los que más tienen y pueden) y de esta manera no afectar el bolsillo del hombre de a pie en un contexto económico donde los grupos económicos concentrados presionan para mantener sus ganancias vía inflación.

Nada de esto se les ha pasado por la cabeza del socialismo, que apela a seguir robando de los bolsillos de todos los vecinos sin distinción, cuando por ejemplo el vecino tenga que hacer un trámite municipal que deberán pagar un 30% más. De esta manera se sanea el déficit municipal, producto de una gestión que cada vez se torna más negra para la ciudad.

Por lo tanto, como rosarino digo BASTA de la incapacidad en la gestión de lo público que cada día más demuestra el socialismo (a nivel municipal y provincial). BASTA de aumentos de impuestos que afectan por igual a todos, y que en consecuencia benefician a los que más tienen. BASTA de los pésimos servicios públicos, del colectivo más caro del país, de un Estado municipal que se hace empresario del transporte no para ofrecer un servicio mejor y más barato, sino para salvar a sus verdaderos socios, los empresarios privados del transporte, que no quieren las líneas con menor rentabilidad. BASTA de las prebendas, los acomodos, del negreo del nuevo personal municipal que es incorporado como pasante. BASTA del modelo de ciudad que el socialismo quiere vender, lejana de lo productivo, la ciudad de los servicios, del turismo. BASTA de la discriminación que sufren los barrios, olvidados por la obra pública y por los servicios públicos.

Ahora bien, también como rosarino, pero sobre todo como peronista (y acá quiero que se sientan incluidos los que son parte del movimiento nacional y popular), BASTA de una dirigencia que no supo ofrecer una alternativa política al socialismo. BASTA de las mismas caras de siempre que llevaron al peronismo a la actual situación de inmovilidad, de anquilosamiento, de desprestigio social.

Para concluir, y para llevar a la practica lo dicho en la PD de post anterior, para no pegar un grito negativo, una mera declamación sin propuesta, sin alternativa, deseo que el peronismo (en compañía -con toda la profundidad que tiene la palabra- del resto de las fuerzas progresistas) pueda generar una alternativa al socialismo; una alternativa de la mano de una dirigencia renovada, con proyectos y con ideas, con capacidad de gestionar políticas y -sobre todo- de construir Política de la mano y de cara a los sectores populares (y no de la mano de la Fundación Libertad como el socialismo); por una ciudad inclusiva, por una ciudad modelo de políticas públicas locales tendientes a lo productivo (y no modelo para la venta de los empresarios turísticos o del marketing político socialista); por una ciudad con políticas que lleven adelante la justicia social estableciendo un concepto diferente en la prestación de los servicios públicos (no para beneficiar a los empresarios, sino para satisfacer a los rosarinos); una ciudad con obra pública que se refleje en los barrios (y no solo en la costa del río o en el centro). En fin, una ciudad más justa, productiva e inclusiva.

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